Artículos

Firmar la petición

Pide al Dalai Lama que permita la libertad religiosa

Western Shugden Society does not necessarily endorse views expressed in Guest blogs.

Algo no cuadra en la escena que se desarrolla en el exterior del Radio City Music Hall de Nueva York. El 17 de julio de 2008 los defensores del Dalai Lama arremetieron contra una manifestación pacífica y legal organizada por la Western Shugden Society. En el interior del edificio, apenas momentos antes, esos mismos defensores que, en algunos casos, habían pagado hasta mil dólares por asiento, habían estado escuchando enseñanzas del Dalai Lama sobre la compasión y la libertad religiosa.

Cuando unos manifestantes pacíficos sufren la agresión de un tropel de personas furiosas, recuerdo lo que, en una ocasión, dijo Martin Luther King: «Los que realizamos acciones directas de no violencia no somos quienes creamos la tensión. Solo hacemos aflorar la tensión oculta ya existente». Martin Luther King dedicó su vida a combatir la discriminación y la segregación y se le recuerda legítimamente como un verdadero héroe de la libertad. Se supone que el Dalai Lama también ha dedicado su vida a luchar por la libertad, en concreto, por la libertad religiosa. Entonces, ¿qué ocurrió frente al Radio City Music Hall?

¿Cabe culpar únicamente a los que pretendían minar la integridad física de los manifestantes, algunos incluso arrojando botellas de vidrio? ¿A las mentes débiles que no habían sido transformadas por las enseñanzas espirituales por las que habían pagado? ¿A unos cuantos granujas –unos cientos, en realidad– consumidos por su enojo y odio a lo distinto? ¿O acaso el problema es más insidioso y difícil de identificar? ¿Podría ser la erupción de violencia el desafortunado y triste efecto de una enseñanza «espiritual» que incitaba a la intolerancia? ¿Cómo puede una persona salir de una conferencia sobre la compasión y protagonizar un disturbio?

En el interior del teatro Radio City, sobre un escenario bien iluminado, el Dalai Lama censuró la práctica de Shugden, a pesar de haberla mantenido como compromiso durante más de veinte años. En la India ha impuesto una prohibición a aquellos que buscan la protección de Doryhe Shugden en su camino budista. Se han emitido tarjetas de identidad que exigen la renuncia absoluta a la práctica y a cualquier trato con aquellas personas, incluidos miembros de la familia, que siguen realizándola a pesar de la prohibición. Y cuando la discriminación es justa, el odio también lo es. Y el amor no. Si la intención del Dalai Lama es pura, los medios que conducen a dicho fin también deberían ser puros. O la visión misma está viciada.

Si el Dalai Lama no condena a sus defensores, que infligieron sufrimiento a unos apacibles manifestantes, ¿acaso no está alentando el odio y la discriminación para su causa? De ser así, la violencia de sus seguidores será su vergüenza.

La WSS no le pide al Dalai Lama que retome la práctica espiritual que aprendió de sus maestros y que practicó gustosamente durante más de veinte años. La decisión es suya. Pero ¿no debería tolerar y respetar la que sigue siendo la práctica espiritual de muchas personas? Como dijo Martin Luther King: «Debemos aprender a vivir juntos como hermanos o pereceremos juntos como necios».

Quizá el Dalai Lama tenga la oportunidad de predicar la tolerancia desde escenarios bien iluminados de todo el mundo pero, en las calles de ese mismo mundo, habrá quienes pongan en tela de juicio el trasfondo de su mensaje y sus actos de intolerancia y represión. Como dijo Martin Luther King en esas mismas calles de Norteamérica: «Una mentira no puede vivir». La WSS seguirá saliendo a la calle y haciéndose oír.

Firmado: Un defensor de la Western Shugden Supporter